[I]

El  relato inconcluso de la ficticia aldea de iznaritz se encuentra alojado en este mismo apartado, al final del cuestionario, creado a tal efecto. 
 ***
Este pequeño apartado —que se desarrolla dentro del particular mundo de iznaritz (con minúscula)— sirve para dar contestación a algunas preguntas que, en un momento dado, otros blogueros, a los cuales tengo en gran estima, decidieron plantearme. Al no poseer ninguna sección específica dentro de nördlich dirigida a tal efecto, he creado este espacio —sí, ya sé que nadie tiene apartados específicos para tales asuntos dentro de ninguna sección, pero a mí me ha parecido una buena idea (yo tengo ideas brillantes una vez al día, tengo que aprovecharlas)—. En este apartado iré colgando cuestionarios semejantes (si los hubiese) y cualquiera otra cosa que pueda parecerme oportuna en relación con todo esto. Gracias por leer estas líneas.
LA NIEVE BAJO LOS ROBLES

Y será como la nieve de iznaritz, siempre nueva bajo los robles
Han pasado más de treinta años, padre. He vuelto a casa, a nuestro hogar. Me he instalado hace unos meses, antes de que la temperatura impidiese realizar los últimos arreglos en el tejado. Te gustaría ver cómo lo hemos dejado, y el cobertizo. Todo ha quedado como antes, salvo por algún detalle nuevo. Ya no hago nada en barro, ahora trabajo algo el roble y las piezas que salen las coloco en cada hueco que veo. En esta época del año, la nieve cae y se acumula en la repisa de la ventana, donde una hilera de pajarillos tallados forman níveas figuras que contemplan las ramas bajas de los bellos robles…
La vida en iznaritz transcurre lenta, silenciosa y tranquila. Sólo el viento, a ratos silbante, a ratos furioso, golpea y arrastra algún objeto distrayéndome de la lectura…Empieza a nevar ahora
He cerrado la puerta. Me he sentado a la mesa y he hojeado la correspondencia. Retiro la carta con membrete y leo. La misiva es de alguien muy especial que ha tenido la gentileza de incluirme en una curiosa lista para un certamen cuya finalidad no es otra que fomentar la participación y difusión de algunos blogueros (y sus blogs correspondientes), a la par que se reconoce su labor.
Le agradezco enormemente a Aránzazu_MS que me haya nominado en su blog Bibliomanías y otros desvaríos al premio Liebster Award, cuyas normas, si se acepta participar, son las siguientes:
1.- Agradecer al blog que te ha nominado y seguirlo.
2.- Responder a las once preguntas formuladas.
3.- Nominar a 10 blogs con menos de 200 seguidores.
4.- Avisarles de su nominación.
5.- Realizar 11 preguntas nuevas a tus blogs nominados.
Rechazo amablemente participar en este magnífico certamen. No pienso presentarme, porque yo nunca gano. No es que me haya presentado vez alguna a un concurso para comprobarlo (Reinventando a Dickens no cuenta, y no se va a repetir), pero tengo la absoluta convicción de que será así. Sufro al pensar lo poco que la gente valorará lo mucho que valgo y me niego a aceptar un premio que sea de color rosa (la estética también es importante en mi vida, y no la aplico sólo a la escritura. El que ves es negro, pero el original es rosa).
Sí, voy a contestar a las preguntas, pero no voy a crear ninguna lista negra con todos aquellos blogs que llevo persiguiendo desde hace meses porque independientemente del número de seguidores que posean todos estos blogs, son muy importantes para mí y los tengo bajo observación las veinticuatro horas del día, como parte de mi obsession. No voy a ponerme a contar sus seguidores porque eso no es propio de mí, y no voy a buscar blogs nuevos, porque ya llegarán, siempre llegan más que me gustan. En definitiva, no voy a ceñirme a las reglas de ningún juego, me gusta la espontaneidad y también los espíritus libres.
Seguramente mi opinión no resulte demasiado diplomática, se debe a que no lo soy. Esto no es preocupante, pues leerme no es necesario como no lo es leer aquellos libros que a uno le disgustan o no le interesan. Dicho esto, ahí van mis respuestas a las interesantes preguntas de Zazou, a quien aprecio profundamente (sin ironía):
¿Por qué decidiste abrir el blog? 
Obviamente, la pregunta se refiere a nördlich, un blog de reciente creación (*) que recoge cuantos despropósitos se me puedan ocurrir a lo largo de este 2015 (quizá lo amplíe hasta 2016). En principio, la idea es escribir artículos acerca de temas que llamen mi atención y algún que otro relato, para aliviar un poco mi graforrea, porque llevo meses sobrecargando las cajas de comentarios de los blogs que visito y parece que no tengo hogar donde soltar mis neuras; ahora sí, lo he llamado nördlich. (Lo de la sección de poesía no pienso explicarlo.) 
(*) En 2015 cambié la cabecera y el nombre de mi blog (antes, entre 2012-2015, fue un blog de contenido didáctico-académico) y también sufrieron múltiples cambios y sustanciales modificaciones las distintas secciones del blog, ahora dedicado a mis hobbies (esas aficiones que otros desempeñan por oficio: lecturas y reseñas literarias, escritura de artículos de opinión y relatos, estudio de diversas disciplinas de artes, humanidades y ciencias, e investigación centrada en la exploración y experimentación de distintos medios para recabar información y obtener documentación válida para nada en particular...)  
¿De qué tema te cuesta más hablar? 
De poesía… 
¿Cuál es tu receta para cogerle el punto a una entrada? 
No entiendo muy bien lo de “cogerle el punto”. De hecho, creo que, en el caso de nördlich, las entradas son mi personalidad en estado puro, no hay receta, ni guión, yo escribo sobre la marcha siempre. Simplemente borro lo que no me gusta y ya. En mi blog serio (*) no, claro. 
(*) El blog “serio” se refiere a los studia humanitatis (una serie de entradas de índole académico) que pasaron de ser una simple sección dentro de un blog de divulgación histórica a convertirse en blog independiente (y actualmente, de nuevo, en una sección dentro de nördlich). 
¿Hasta qué punto se entrelazan los libros en tu vida? 
Hasta tal punto que no se concibe mi existencia sin ellos, ni concibo yo la vida en sí en ausencia de ellos. En mi vida, si no hay libros no hay existencia. Nací y me crié en un mundo lleno de libros. Decir demasiados cuando se trata de libros no es apropiado, lo sé, pero cuando algunos son sectarios, el adverbio se agradece. En mis mudanzas tuve que dejar algunos en casa de mis padres, pero jamás he vivido alejada de los libros. 
¿Ha habido algún libro que haya hecho temblar tu mundo? 
¿Sólo uno? Frankenstein de Shelley; Niebla de Unamuno; Hamlet de Shakespeare; Ilíada de Homero; Rimas y Leyendas de Bécquer; la poesía de Espronceda, de Quevedo y de Miguel Hernández; Sonetos a Orfeo de Rilke; Las palabras de Sartre; Una habitación propia de Virginia Woolf… Ha habido muchos importantes, pero, sobre todo, recuerdo El rey de los Alisos de Michel Tournier, porque pertenecía a la colección de lecturas de mi madre y ella tenía libros extraordinarios que leí a una edad bastante temprana y que me marcaron profundamente. Ella no limitaba las lecturas por cuestión de edad. 
¿A qué le das más importancia en la lectura: el fondo o la forma? 
Le doy mucha importancia al fondo, pero no puedo evitar observar las palabras y las frases, su formación. Cuando me encuentro con ciertos pensamientos o sentimientos escritos con sonoridad, expresados de manera impetuosa, apasionada, desgarradora, furiosa… por rápido que vaya en mi lectura, me detengo y lo repito, lo repito en voz alta. Lo declamo para hacerlo mío. Me gustan esas lecturas… 
¿Cuál es ese libro con el que no te has puesto todavía? 
Guerra y paz de Tolstoi. No tengo tiempo, de veras. Necesito leerlo de seguido, no me apetece leerlo a plazos, como Don Quijote, que, de tanto cogerlo y dejarlo lo he abandonado y ahora debo retomarlo. No pienso desistir de leerlo, pero no lo haré si no es del tirón y debo aplazar tantas lecturas… Bueno, tendré que mentalizarme. 
¿Y ese autor tan afamado al que no puedes soportar? 
Decirlo así es muy cruel. No diré que es insoportable, diré sólo que hay cierta literatura que no me agrada. No puedo nombrar a un autor sin explicar qué me impulsa a rechazar su obra. El alquimista, de Paulo Coelho, me cabreó mucho: no me gusta nada que intenten adoctrinarme. No ha sido el único que me ha desagradado y tampoco creo que el hecho de que a mí no me agrade lo convierta en un mal libro ni a su autor en un mal escritor. Es el caso de Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos, tampoco me agradó, y jamás leí una crítica mala sobre él. No se parecen en nada las dos historias, ni por supuesto la escritura de ambos autores, pero es otro novelista que no me gustó, su forma de narrar me agobió mucho y la historia más todavía. 
¿Crees que la lectura está en peligro de extinción? 
¿Existe alguien que en la obscuridad no haya recreado alguna vez las letras de los textos que ha leído? El ser humano no es capaz de vivir sin leer, creo firmemente en ello. Necesita adquirir información a través del lenguaje escrito. Sé que hay personas que no leen a menudo, pero en la actualidad y en un mundo dominado por Internet, me niego a creer que se lea menos, más bien lo contrario, aunque esa lectura sea diferente, pues no hablamos sólo de libros. En cuanto a la calidad de los textos, eso dependerá de lo que aporten al lector en cuestión, independientemente de que el contenido sea de menor o mayor calidad, el que lee debe poseer cierta capacidad crítica para discernir y valorar qué es bueno y qué no lo es sin que otros lectores le influyan en dicha decisión pues le estarían condicionando a no leer o a leer según qué cosas, quizá libros que no vayan con él, con sus gustos y preferencias. 
¿Qué libro le regalarías a tu peor enemigo? 
No hay enemigo pequeño. Jamas regalaría un libro a alguien que no aprecio, existen multitud de objetos inservibles y absurdos para ser regalados. Un libro se abandona, se presta, se guarda, se lee en voz alta, se recomienda, se confía durante un tiempo, pero jamás se regala. Si es dado, se hace con la mayor de las penas. 
Si tu vida fuera una novela, ¿cómo la titularías? 
Yo, sólo yo y un océano de recuerdos 

NUEVE CARTAS A IZNARITZ

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Y en un viaje sin retorno, andarás el camino que conduce a iznaritz
He cerrado bien las ventanas y he tratado de sujetar con fuerza la aldaba para que, cuando sople el viento y me recueste a leer junto a la ventana, no me asuste al golpear la puerta. Un pequeño cordel trenzado, a duras penas amarrado al hierro, lo mantiene sujeto a la manilla de la ventana más alta. Parece que soportará bien el envite del viento. Dos ramas que cayeron durante la noche cierran el paso de la entrada norte, pero el cartero no vendrá hasta pasado el temporal y, durante ese tiempo, pocos se atreverán a rondar por estas tierras.
Febrero ha llegado a iznaritz y, con las últimas y escasas luces del día, me dispongo a realizar la ardua tarea de contestar las cartas recibidas hace apenas unas semanas. En un tiempo pasado que, poco a poco, se vuelve lejano, contemplo una brizna junto al fuego, que prende y se agota, mucho antes de que la mirada se ausente en un guiño.
Observo la letra impresa en los sobres de enero, su cuidada grafía y las cintas color arena que cubren, parcialmente, los caracteres. Desanudadas con la misma delicadeza con la que fueron colocadas al envolver las cartas, las cintas se deslizan sobre la mesa. Al enviarlas, alguien se preocupó de protegerlas de la humedad del entorno y del duro trayecto que amenazaba con abrirlas. Recuerdo que llegaron cubiertas con un plástico, eran nueve. La cera, aún adherida a la cinta, advierte que fue vertida con sumo cuidado en los extremos y que la presión ejercida, para imprimir el sello, fue la justa para que aquella no desbordara.
Se precintaron los sobres, todos llevaban el emblema de NOVE. Miro con atención las cartas. Se hallan descolocadas, esparcidas sobre el escritorio, abiertas, …esperando respuesta.
Hace días que consulté su contenido, pero hasta ahora no había encontrado el momento oportuno para darlas contestación. Sé que en las distantes tierras de NOVE aguardan mi respuesta. Me acerco al escritorio y levanto el sobre para leer la misiva. Con el papel en la mano, acerco una vela…
Alguien a quien estimo mucho —y que se ha convertido en muy poco tiempo en una persona importante para mí dentro de este mundo virtual— ha pensado en mí a la hora de confeccionar su propia lista de candidatos al premio Best Blog cuya finalidad coincide con la que ya otorgaba el premio Liebster Award que pretende fomentar la participación y difusión de algunos blogueros (y sus blogs correspondientes), a la par que se reconoce su labor.
En esta ocasión, agradezco el detalle y tan amable gesto a Elena A.G. (sobre todo, más que por la nominación en sí, por lo divertido que ha sido el modo de recibirla). He sido nominada (mi blog, nördlich, mejor dicho) por el blog de Elena, Nihil Omnis Veritas Est al premio Best Blog, cuyas normas, si se acepta participar, son las siguientes:
1.- Agradecer el premio al blog que te ha nominado y seguirlo.
2.- Responder a las preguntas formuladas por quien te lo concede.
3.- Nominar a otros blogs que te gusten, con menos de 200 seguidores.
4.- Visitar e informar del premio otorgado a los blogs que has nominado.
5.- Redactar nuevas preguntas, a las cuales responderán tus blogs nominados.
6.- Visitar los blogs de aquellos que han sido nominados contigo, pues han sido premiados y se merecen que los conozcas (en realidad, muchos aún no premiados, también). 
Rechazo amablemente participar en este magnífico certamen, cuyo simbólico premio posee un profundo valor para mí, pero no deja de ser de un horrible y detestable color rosa (ya sé que lo importante es lo que simboliza, sin embargo, no quiero recibirlo, me niego a aceptar nada que sea rosa). Podría esgrimir razones de peso, en vez de escudarme en tan absurdo argumento, tales como la falta de calidad que, se presume, ha de tener un blog al que se le premia como “el mejor”, o el modo arbitrario en que su autora hace, deshace, crea y destruye cuanto le place en el interior del mismo, sin previo aviso, a capricho… Pero lo cierto es que odio el color rosa y no me parece más femenino que, por ejemplo, el amarillo. No me gusta, no me identifico con él y me da tirria. (El logotipo de Best Blog que el lector ve aquí es negro porque he modificado su color original, no pienso incluir en mi blog nada rosa. Jamás).
Y ahora, sin más preámbulos —ni arrebatos que serían propios de una desequilibrada, más que de una persona cuerda (por otra parte, frecuentes en mí y que de no existir, no sería quien soy)— mis respuestas a las interesantes preguntas de Elena A.G.:
¿Blogger o WordPress? ¿Por qué?
Ambos. Aunque he leído que “lo normal” es crearse uno en Blogger, para empezar, porque es el más sencillo de utilizar y sus funciones las más fáciles. Pero yo he elegido Blogger porque puedo modificarlo a placer, dadas las muchas opciones que permiten los diseños de sus plantillas. Llevo diseñando cosas desde que tengo uso de razón. Quizá esta última frase, y en especial esta afirmación que hago, debería tomarse con la seriedad que merece, pero voy a ser excepcionalmente conmiserativa con quienes no saben apreciar mis virtudes, que son muchas… y permitiré que me juzguen (mientras no escriban sandeces en la caja de comentarios, pues soy muy sensible a las críticas…) Respecto a WordPress, simplemente lo adoro. Sus funciones, su fácil manejo, su apariencia, la cantidad de opciones que permite y, sobre todo, las posibilidades que ofrece en cuanto a la creación de un blog profesional a partir de uno amateur (aunque yo no lo utilice aún de ese modo.) La verdad es que también mucha gente a la que sigo lo tiene y me permite comunicarme con ellos (léase soltar mi graforrea) más fácilmente...
¿Cuál es la palabra o etiqueta más usada en tu blog?
“Artículos” (seguida de “Twitter”). Lo he consultado y, en contra de lo que yo misma creía, no era “Ilustración” y tampoco “Poesía”..., ni siquiera "Novelas" o "Cómic". Si bien es cierto que el #hashtag (la etiqueta) de “Reseñas” engloba muchos de los apartados que recoge el blog.
¿Y la categoría de la que más abusas?
“Reseñas” (seguida de “Obsession”). El gerundio “usada”, que corresponde a la pregunta anterior, me ha parecido lógica, pero no tengo muy claro lo que se pretende insinuar con ese verbo acusador que, en esta nueva pregunta, afirma: “abusas”. Quiero dejar claro que yo hago un uso muy moderado de las categorías y que esa pregunta me parece tendenciosa. Se trata de una mera coincidencia que precisamente en el momento de la pregunta se encuentre ésta muy por encima de las otras. No tiene nada que ver el hecho de que me pase el día leyendo...
Tres palabras que te definan
En el supuesto de que no fueran inventadas, serían subjetivas, lo que las convierte en igual de falsas. Si la intención es descubrir qué clase de persona se esconde detrás de la obsesiva, graforréica y egocéntrica autora de este blog, confesaré lo siguiente: me preocupa (y mucho) la educación que se imparte en las casas, las guarderías, las escuelas, los institutos, las universidades y, en general, en todos los centros educativos y en todas las sociedades existentes, más allá de lo que podría explicar… y me gusta la naturaleza (e incluso algunos mortales, pero nada excesivo, lo justo).
Tres palabras que, desde tu punto de vista, definan a la sociedad
Conflicto, Cambio, Adaptación.
Tres cosas que NO llevarías a una isla desierta
Alguien me preguntó una vez por qué me iría a una isla desierta. La verdad es que, de ser premeditado, ¿qué me llevaría yo y no otro? ¿qué no llevaría yo? No llevaría a ningún otro ser vivo conmigo, tampoco llevaría armas ni comida. Llevaría una foto en blanco y negro.
Una persona (real o ficticia) con la que NO querrías verte atrapado en una isla desierta
Esta pregunta no admite una respuesta más lógica: no querría verme atrapada con el malvadísimo Jack de El señor de las moscas (William Golding, 1954).
Un sueño imposible
¡Ah, aprender a tocar piezas de piano en un año y que suenen como si las hubiese interpretado siempre...!
Un color
Negro (aunque, técnicamente, el negro es un tono, no un color. La obscuridad que muestra se debe a que absorbe todos los demás colores en su conjunto.) ¡Yo..., oiga, déjeme contestar, no interrumpa. Por supuesto que puedo extenderme lo que quiera en mis respuestas, sólo faltaba!
Un número
El uno. Me siento plenamente identificada con ese número. Individual, soberbio, solitario… Sí, claramente, no me veo, bajo ningún concepto ni en ninguna situación que se me pueda proponer o pueda surgir espontáneamente, tratando de asumir una segunda posición. Me gustan las personas, animales y cosas auténticos, individuales, únicos… y que ocupan un lugar principal en sus propias vidas.
Un recuerdo
La mar, en dos orillas diferentes.


Antes de la era digital ya escribía relatos, algunos de los cuales se convirtieron en aventuras conversacionales cuando me inicié en el mundo virtual. En 2012 me abrí un blog: nördlich, que significa «del norte»; en 2014, mi refugio: iznaritz.
Cuando una persona convierte su escritura en una manía persecutoria, una obsesión, los alemanes la denominan furor scribendi («escribir sin pausa, sin medida…»)
Esa manía persecutoria –no obstante, reflexiva, razonada– es la que me ha impulsado a crear, a expresarme por medio del relato (a veces de la poesía).
Dicho esto, no deseo que nadie piense que debe –como si de una obligación se tratara– llevar a cabo ninguna interacción conmigo. Este es mi refugio y quería compartirlo, eso es todo. Escribir es un acto liberador, pero no necesario. Siéntanse libres de actuar de acuerdo con su costumbre. Gracias por leer esta nota.

 

I. DESPROTEGIDO

Al bosque he llegado, ya nunca me volveré a ir / Al bosque nevado, con el viento frente a mí / Al silbido de su aviso una vez respondí / Si vuelvo a perderme… ¡sopla, viento, sopla!, …hasta que te pueda oír (Canción infantil)

Iznaritz, en la villa de Lumbier (Sierra de Leyre, Navarra)
  Noche del 3 de enero de 1977
Regreso a tientas por el largo pasillo que conduce a mi cuarto. Tengo catorce años y me llamo Noël, pero todos me llaman Agoitia, salvo mi padre. Un hilo de luz sobresale por debajo de la puerta de su despacho. Sujeto el pomo, decidido a preguntarle si mañana habrá que madrugar, aunque sea domingo. Los domingos, si hay suerte, vamos a la librería de viejo.
En la obscuridad, se oye el teléfono que suena como un molesto despertador, siempre a destiempo. Aguanto la respiración un momento. Mi padre descuelga y su voz se escucha fuerte, sonora. Suelto despacio el aire y me agacho para verlo a través de la cerradura. Si interrumpo ahora, me mandará a la cama y no podré convencerlo de que me lleve mañana a la ciudad.
La luz es demasiado tenue. Ilumina a medias su rostro y apenas distingo su figura, ahora de pie, junto a la ventana. Intento encontrar el ángulo que me permita visualizar mejor la escena, pero la madera, bajo mis pies, cruje. Apenas dos segundos. No, no — pienso — . Cierro los ojos y vuelvo a contener la respiración. Sigue un silencio espantoso que no cesa. Un segundo más…
— ¡Noël, a dormir, que ya es hora!
Su voz invade mis oídos. El corazón se me acelera y suelto el aire, esta vez con un soplido que denota todo mi fastidio.
— ¡Papá…!
— ¡Ahora no, Noël! ¡Ve a la cama!
— Sí, papá. Voy…
Desisto. Se trata de Amaya, lo sé. Si no, me habría dejado entrar…  Un libro cualquiera que trate del mar, eso le gustará — pienso — .
Mientras camino despacio hacia mi cuarto, suena el timbre de la puerta…
Papá no lo escucha. Giro sobre mis pasos. Tal vez debería avisarle, pero no hará caso. Voy a mi cuarto. Ya se dará cuenta — me digo — . Volverán a llamar.
Un extraño silbido se escucha afuera. Se confunde con el viento. No lo doy importancia, sí, será el viento. Vuelve a escucharse, esta vez con más fuerza. Me acerco a la ventana y veo a un hombre correr hacia el matorral de la entrada. Se agacha y una mano asoma haciendo una señal que no alcanzo a comprender. Se me hiela la sangre. No acierto a emitir sonido alguno. Decido volver por el pasillo para avisar a mi padre… Se va la luz.
Mi padre calla por un instante. Ahora el silbido se oye con perfecta claridad. Escucho a mi padre, de nuevo, a lo lejos, en su despacho. Me llama, pero no acudo. No puedo moverme. No sé qué debo hacer, la obscuridad me da miedo. Me pego a la pared.
Papá vendrá, papá encenderá la luz… — repito, mientras miro hacia mi cuarto, agazapado en un rincón desde el cual diviso un brillo, apenas imperceptible, proveniente de la ventana — . Hoy hay luna llena.
Escucho a mi padre más cerca. Ha salido al pasillo. Me llama en bajo.
Aquí — respondo — . Pero un golpe en la puerta de la entrada enmudece por completo mi respuesta.
Noël, escóndete… corre, corre  — susurra mi padre, consciente de que estoy en el pasillo. Me ha oído —.
¡Hazlo! — insiste, antes de que pueda responder nada — . Corro, sin pensar. Me meto en mi cuarto.
*****
El cristal de la ventana se hizo añicos. El frío entró más rápido que la figura de aquel hombre. Su cuerpo ágil saltó sobre la madera y unos segundos después se perdió por el pasillo. No me vio, estaba acurrucado entre las cortinas, como un animalillo que busca el calor entre las hojas, desprotegido. Hacía frío, demasiado frío. Alargué la mano todo lo que pude y descolgué el abrigo de tío Xabi, que mi padre me regaló y yo exponía como trofeo porque con él cazó al lobo. Escuché a mi padre discutir, gritar en el pasillo. Escuché golpes en la pared, en el suelo. El sonido de su escopeta envolvió el aire. Me asusté tanto que salté por la ventana, al exterior de la casa. Tropecé y sentí cómo me abrazaba la nieve. Gemí, inconsciente. Al percatarme de la estupidez que había cometido, corrí hacia el cobertizo, temeroso de que alguien me hubiese escuchado. ¿Los habría alertado, cuántos eran, quiénes, qué querían, por qué…?
La puerta estaba cerrada. Corrí, corrí desesperado hacia el bosque, por el sendero de Lumbier.

II. EL SENDERO DE LUMBIER
Sobre el cielo de iznaritz se inclina la luna / Al invierno su manto cubre de noche / Guía mis sueños su luz que no cesa / Suelta mi mano por el sendero de Lumbier (Canción infantil)

Pasa el tiempo, siempre pasa, y a cada instante, cada minuto cuenta. Cada momento se agota en el papel, esclavo de un tintero que, letra a letra, se desangra. Lo hace deprisa, con ganas, adelantándose al reloj, en un frenético afán por saciar la hoja. Y entonces asumes, un día cualquiera, que no está cerca, que se ha marchado, que ahora nieva… y dejas de correr.
Ya no está, el tiempo se ha ido, el cuerpo pesa…
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que salí?
Quiero volver, retroceder sobre mis pasos… pero es tarde. He perseguido al tiempo y éste ha vencido. Me detengo, será sólo un rato. Alzo la mirada y me sonríe la Luna, la acompaña su séquito de estrellas. Ilumina un sendero lleno de robles que colman de paz la inhóspita noche. A la orilla de un pantano que apenas me sostiene, mis pasos inseguros perciben la fragilidad del suelo que pisan. La fina capa de hielo que lo cubre se resquebraja bajo mis pies… ¡Corre, corre…!, grito al tiempo que avanzo. Ha sido sólo un segundo pero se ha helado mi sangre, no siento ya los latidos bajo el abrigo. Detenerse ha sido una mala idea; si uno para, alcanza a la muerte, así que… ¡corre, corre…! ¡no pares, corre!
Continuar cuando uno está exhausto y todos los músculos le piden que pare…
Tu mirada se pierde ahora entre los árboles, se ha oscurecido en el interior de tus párpados y te habría gustado, quizá, llevarte el recuerdo de alguna bella imagen o de aquella frase que leíste hace unos días, que has olvidado, que era importante, que ya no está. Se marchó, no lo supo el mundo…
Se van los segundos, se van… y los vemos marchar, con paso lento, hundiéndose en la nieve, arrastrando los cordones… ¿Dónde quedaron los nudos que al desatarse llevaban a la libertad…?
Cierro los ojos a la noche nevada… Se van los segundos, se van… y son sus cordones lágrimas secas, surcando la nieve…
Abro de nuevo los ojos y contemplo el sendero que lleva hacia Lumbier. ¡Oh, jamás alcanzaré a llegar a mi destino! ¡Me perderé en el bosque y hallarán mi cuerpo petrificado! Será arrebatado entonces de mi bolsillo ese pedazo de tiempo que no encaja, y lo harán llegar al mundo. La aguja señalará un número y éste se moldeará dos veces cien, miles de veces. Sonará en punto, encerrado en un reloj de cuerda que ya nadie colgará de nuevo en lugar alguno. Mi tiempo lo guardará otro y allí quedará, insignificante, mi yo, para el recuerdo. Seré tiempo, sólo un fragmento roto en un reloj, dentro de un bolsillo sordo.

La memoria nadará en esta orilla del pantano, nadará conmigo. El tiempo, en cambio, volará a ras de suelo, en vuelo partido, se mantendrá inmóvil, pensará conmigo. Hará historia sin mí, sin nosotros, se irá contigo…
Lo abandona todo y sufre porque no regresa, así es el tiempo. Permite su compañía y, antes de ser aniquilado por el hombre que lo acompaña, le arrebata cuanto posee. Tiene poder porque nace y porque mata, porque renace, desaparece, se ausenta sin querer y… existe en los cuentos, en el interior de los libros cuando presume, ríe, corre, vuela y nada; cuando el hombre, sin pensar, le da vida, le da caza… le enferma entre una frase más y una farsa más nueva…
Pienso en Oianko. Me habría gustado regalarle ese libro acerca del mar. Si hubiera estado conmigo habríamos hecho una hoguera y quemado, al fin, toda esta parte de cielo…
El mundo es nuestro hoy  — me engaño — . Sólo esta noche, la historia es nuestra. Y no podrá el tiempo llevárselo todo; por más que corra… por más que vuele… ya hemos grabado en los robles nuestra impronta y, aunque los muertos no vuelven y el pasado no regresa, se puede hacer realidad todo sueño sin necesidad de velas… Despidámonos del ayer, dejémonos de adioses infelices.
*****
Por fin hes llegado al final del sendero, suena la música. Se divisa a lo lejos, algo más adelante, un grupo de gente. Se acercan, curiosos. Observan al caminante, apenas un muchacho. No, es una chica. No, es un chico con el flequillo largo. Éste es mi hogar ahora —pienso —. Toca dedicar al tiempo, de nuevo, un verso más.

III. INTOCABLE
Una roca es una roca, aunque se encuentre frente al abismo y una ráfaga de viento intente precipitarla por él. La cima de los perversos la llaman, trono de conquistadores, pero el espacio donde caen, donde mueren empujados por el aire los que fueron malditos… es un lugar donde no osa perderse nadie; donde el mal lo representa sólo uno y puede hacer uso de todo cuanto existe, porque nada es imposible…

El pantano de Yesa, en el Paso del Oso (Sierra de Leyre, Navarra)
Anocheciendo. Enero de 1996
Se acerca el día definitivo y mi marcha no será llorada por nadie… Bueno, quizá sí. He decidido dar fin a mi huida. La escopeta de mi padre, aquel último disparo efectuado a pocos metros de mi habitación, todavía me quita horas de sueño cada maldita noche. Sus verdugos debieron escapar hace ya mucho tiempo, pero aún me pregunto quiénes eran y si le dieron muerte. Apenas era un niño, apenas recuerdo quién soy ahora. Pero recuerdo aquella noche, sí. La recordaré siempre. Vuelvo a un hogar que ya no me pertenece.
Recuerdo bien el tacto de la nieve. No podré olvidarlo. Quería hacerle un regalo a alguien. No fue posible. Nada es posible ya, en mitad de la niebla.
No recuerdo su imagen, me viene a la memoria una sonrisa que apenas acierto a distinguir en un rostro que se desvanece por momentos, siempre, cada vez, y otra más… Y, sin embargo, me esfuerzo, trato de enfocarlo en ese cuadro que se asoma cada día al abismo de mi mente. Su recuerdo no está, se ha ido, cayó en el olvido para perderse siempre. Intocable, como un rayo en la tormenta. Dejó el sonido de su risa, de sus preguntas, de una de sus canciones. Su voz guió mis pasos, rescatándome y me ha traído de vuelta hoy, al mismo paraje. Miro al cielo y allí está, iluminando mi noche. En este bosque de tinieblas, la Luna ilumina el sendero de vuelta a iznaritz.

Anduve sin descanso por los humedales, las hojas mojadas de llantos y llantos resbalaron sin cesar, por mi capucha, manchando mi piel durante toda la noche. Pensé en mi padre. ¿Sus batallas cuáles fueron? Acaso ganadas, quizá perdidas… Otro valeroso guerrero cuyas gestas no fueron narradas por nadie. El camino es largo y el tiempo obscurece. Te recordaré por última vez, tus palabras serán mías al final de este sendero y los días en los confines de iznaritz se borrarán para siempre, lo prometo. Ya no le pertenecerán jamás a nadie. Aquel mundo que una vez conocí, que habitaba en mi padre, en mí, se evaporará en el aire. Silbará el viento, susurrará su nombre, lo hará a mi lado y no sé si esta roca que a veces llevo incrustada en el pecho y otras pulverizada en el bolsillo, se precipitará hacia el abismo, rompiendo en más pedazos aún el recuerdo de su imagen… Y aquí, donde viene a morir el río que baja de las tierras de Leyre, termina el trayecto. Pasaré aquí el resto de la noche. Amanecerá pronto, aunque en esta época la niebla apenas permite al Sol iluminar un poco el camino. Haré una pequeña hoguera y dormiré un poco después de comer algo. Tal vez logre sobrevivir, tal vez aún no lo haya conseguido.

[Nota] El relato de la ficticia aldea de iznaritz se desarrolla en un escenario con apariencia de realidad. Sin embargo, las canciones infantiles y los personajes que se mencionan en él son productos de ficción. La villa de Lumbier, su sendero y El pantano de Yesa, en el Paso del Oso, existen; están situados en la Sierra de Leyre, pero no poseen ninguna aldea o comarca llamada iznaritz.
EICHENLAUB no es un relato a medio terminar, es un relato inconcluso. Se creó para ser así.
iznaritz de Raquel C. Arco está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.