Seis mujeres que cambiaron la ciencia [ y seis libros al respecto ]

Marie Curie, Rachel Carson, Sally Ride, Grace Hopper, Rosalind Franklin y Jane Goodall son algunos de los nombres que debemos recordar a la hora de hablar de Ciencia. Los magníficos carteles realizados por Hydrogene nos ayudarán en la tarea de presentar a estas seis científicas, pues consiguen reducir a la mínima expresión la invaluable labor de estas profesionales extraordinarias e irrepetibles. Su pensamiento, apenas recogido en unas minúsculas y escasas citas, acompaña a estas breves biografías para acercarlas a quienes aún no conocen a seis de las científicas más importantes de todos los tiempos. Actualmente, muchos medios de comunicación, ya sea en formato físico (en papel) como en digital, incluyen a profesionales de muy distintas áreas o ramos en sus trabajos (ensayos, artículos de sociedad, de actualidad, de opinión) y multitud de páginas en la Red (incluyendo los ya famosos Doodles de Google) destacan la labor realizada por las mujeres en todos los campos. Algunos de estos lugares físicos (libros, mapas, manuscritos, revistas, folletos...) o virtuales (páginas web, blogs, foros...) son exclusivamente científicos o de género y ello hace que presten especial atención a su área (la Ciencia) o al género del profesional que ejerce en ese campo. La finalidad de dichas páginas no es otra que dar visibilidad a todas aquellas personas que en el ejercicio de su profesión se han visto relegadas a un segundo plano u olvidadas por no haber sido su tarea recogida o registrada debidamente por quienes eran los encargados de comunicar su legado.
MARIE CURIE
Marie Curie (1867-1934) fue una mujer polaca (de Varsovia), cuyo padre era profesor de física. En 1891, ella partió hacia París, donde cambió su nombre, Sklodowska, por el de Marie. En 1891 se matriculó en el curso de ciencias de la Universidad parisiense de la Sorbona. Pasados dos años, finalizó sus estudios de física con el número uno de su promoción. Ya nacionalizada francesa, en 1894 conoció a Pierre Curie. En ese momento, los dos trabajaban en el campo del magnetismo. Con 35 años, Pierre Curie era una brillante esperanza en la física francesa. Se enamoró enseguida de aquella fina y casi austera polaca de 27 años que compartía su fe altruista en la ciencia. El matrimonio tuvo dos hijas, una de ellas también ganó un Nobel: Irène Joliot-Curie y su marido, Frédéric, recibieron el Premio Nobel de Química en 1935 por la obtención de nuevos elementos radiactivos. Marie Curie estaba interesada en los recientes descubrimientos de los nuevos tipos de radiación. Wilhelm Roentgen había descubierto los rayos X en 1895, y en 1896 Antoine Henri Becquerel descubrió que el uranio emitía radiaciones invisibles similares. Por todo esto comenzó a estudiar las radiaciones del uranio y, utilizando las técnicas piezoeléctricas inventadas por Pierre, midió cuidadosamente las radiaciones en la pechblenda, un mineral que contiene uranio. Cuando vio que las radiaciones del mineral eran más intensas que las del propio uranio, se dio cuenta de que tenía que haber elementos desconocidos, incluso más radiactivos que el uranio. Marie Curie fue la primera en utilizar el término ‘radiactivo’ para describir los elementos que emiten radiaciones cuando se descomponen sus núcleos. En 1903 les concedieron el Premio Nobel de Física por el descubrimiento de los elementos radiactivos, que compartieron con Becquerel. Marie Curie se convirtió así en la primera mujer que recibía este premio.
«En la vida no hay cosas que temer, sólo cosas por comprender; pues dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender.» (cit. 1457) 
«Un científico en su laboratorio no es sólo un técnico: es también un niño colocado ante fenómenos naturales que le impresionan como un cuento de hadas.» (cit. 1458) 
«La vida no merece que uno se preocupe tanto.» (cit. 1459) 
«En la mayoría de escuelas se dedica demasiado tiempo a la enseñanza de la lectura y la escritura, y se mandan a los niños demasiados deberes, mientras que apenas se realización ejercicios prácticos para completar su formación científica.» (cit. 1460) 
«La ciencia la hacen personas, donde sea, en una buhardilla, cuando tienen el genio investigador, y no los laboratorios, por ricos que se construyan y se doten.» (cit. 1461) 
«Hay que perseverar y, sobre todo, tener confianza en uno mismo.» (cit. 1462) 
«No hay que temer a nada en la vida, solo hay que comprender.» (cit. 1463) 
«Convendría sentir menos curiosidad por las personas y más por las ideas.» (cit. 1464) 
Para entender mejor el pensamiento de esta científica, leer la siguiente biografía:
GOLDSMITH, B. Marie Curie, genio obsesivo. Edita Antoni Bosch, 2005. (Trad.: Maria Esther Rabasco) “La primera mujer en recibir el premio nobel y la única que lo recibió dos veces” reza el subtítulo del libro. El mito de Marie Curie -la pobre inmigrante polaca quien, gracias a su genio y a su obsesión por el trabajo, soportó años de vejaciones y esfuerzos para conseguir obtener radio, la luminosa panacea para todos los males de la tierra, incluido el cáncer- ha velado lo que realmente fue su vida de descubridora. La idea brillante pero controvertida de Curie fue que la radiactividad es una propiedad del átomo que podía emplearse para descubrir nuevos elementos. Aunque sus investigaciones le valieron dos premios Nobel y transformaron nuestro mundo, no consiguieron liberarla ni de los prejuicios de la comunidad cientifica, en la que las mujeres no eran bien recibidas, ni de los prejuicios de la sociedad francesa. Esta es la biografía de una mujer que intentó compatibilizar la ciencia, el amor y la familia. A partir de documentos jamás utilizados (cartas, diarios, entrevistas con la familia), Barbara Goldsmith, la aclamada escritora e historiadora, revela la mujer detrás del mito, ofreciendo un exuberante retrato de Curie, de sus sorprendentes descubrimientos y del precio que tuvo que pagar por haber alcanzado la fama.